La madre de Miguel Ángel y su búsqueda de justicia
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Bikers y paramédicos hermanados por su colega
Dicen que el amor de una madre es el más grande que existe.
Tal vez por ese amor que tiene y tendrá siempre, la madre de Miguel Ángel Domínguez Cruz sale a las calles a reclamar justicia por el asesinato de su hijo, paramédico de profesión, a quien le arrebataron la vida en un intento de asalto a mano armada.

Pero no va sola: la acompañan los seres queridos del rescatista, con sus gargantas listas para gritar consignas, “que la voz no se apague; se apagó la de mi hijo, pero no se apagó la de toda su familia, la de sus amigos y la de grupos de rescate”, afirma en la glorieta de la Paloma de la Paz donde comienza la movilización.

Alejandra Cruz Torres nunca muestra signos de agotamiento, ni los adultos mayores y niños que la acompañan, mojados ligeramente por la llovizna que cae. Si se hubiera registrado una emergencia en los seis kilómetros de caminata, ahí estaban las ambulancias y fuerzas de rescate: hombres y mujeres colegas de la víctima, portando sus cascos y uniformes completos, como cuando fueron a despedirlo al panteón de Santa María Ahuacatitlán el sábado 30 de mayo.
También paramédica, la mamá advierte que es la primera protesta y si no hay resultados en las investigaciones del asesinato habrá más. No quiere que olviden al joven de 24 años de edad, tampoco los familiares que van caminando, usando playera blanca con la imagen del también motociclista, cargando cartulinas y lonas: “Aquí nadie te ha olvidado primo. Félix”, “¡Un compañero que salva vidas no merece que se la quiten!”, “No queremos condolencias queremos justicia”.

La protesta pasa por la Fiscalía General del Estado, encabezada por Fernando Blumenkron, quien un día antes le informó a la madre que no hay avances en la investigación del homicidio doloso, tampoco si las cámaras de seguridad que se encuentran en las calles de la colonia Ricardo Flores Magón, donde fue ultimado el 28 de mayo, lograron identificar a los responsables del crimen, quienes pretendían despojarlo de su motocicleta sin conseguirlo.

En la retaguardia y vanguardia van los contingentes de “bikers”, amigos y compañeros de Miguel Ángel, algunos con pasamontañas y vistiendo colores fluorescentes, realizando cortes de circulación hasta el centro de la capital morelense, haciendo rugir los motores de sus motos en señal de protesta, con más estruendo que las sirenas de las ambulancias.

En Plaza de Armas, la madre, cargando una lona con la foto de Miguel Ángel en su pecho, llora afligida con la prensa. Dice que nada va a reemplazar a su hijo y se solidariza con las madres de otras víctimas: “No nada más es Miguel Ángel… el chico de Zapata, la chica del Texcal, la chica que no aparece en Huitzilac, en Tres Marías… no nada más es Miguel Ángel, mi dolor está aquí, pero me acompañan las madres que no han estado presentes”.
La paramédica exige que la muerte de su hijo no quede impune, “Miguel no va a ser una estadística más, quiero justicia”.

Aunque demanda una audiencia con la gobernadora Margarita González Saravia, la mamá entra a Palacio de Gobierno con una comitiva sólo para tener un encuentro con funcionarios.
Afuera se queda el casco que era de Miguel Ángel, lo sostiene una de sus colegas, como cargando el dolor de su partida, pero queda rodeado de todos los que trabajaron y lo quisieron en vida.
Y ahí se quedan. Muy solos. Les falta Miguel Ángel.

